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SETENTA Y OCHO
La noche era oscura, las estrellas y la luna habían huido para esconderse de las gotas de lluvia; que al comienzo cayeron suavemente danzantes en el ambiente, para después hacer su baile cargado de fuerza y tenacidad.
Había regresado de una misión horas antes; y con la sorpresa de que tenía que cumplir otra subiendo algunos templos. Cerró los ojos e inspiro el aroma del viento, que ya traía consigo humedad.
Subió cada uno de los templos, aprisa y con agotamiento hasta llegar a su destino. Frente a él estaban las columnas grises; grandes y la entrada del templo, entró con pasos calmado, no denotando su inquietud que desde que había pisado el primer escalón del santuario lo embargaba, percibió un cosmos inquietante, agonizante. Suspiró
En el pasillo no había nadie, ni el la sala de estar, se quito la capa y bajó la caja de su armadura dorada. Movió su cuello con cansancio y emprendió su paso suave, silencioso para llegar a la cámara privada. Visualizo esa puerta color café oscuro cerrada; tocó la perilla, pero una voz a su espalda lo detuvo.
- ¿Qué haces aquí? Deberías de ir a tu templo a descansar – la voz se escuchó fuerte y molesta aunque algo agitada
- Buenas noches!! – comentó al tiempo que se giraba para encarar al anfitrión - Era de esperarse de ti, que así recibas a un viajero después de más de dos semanas de no verlo – sus miradas se encontraron el atacante estaba recargado en la pared con su túnica blanca cubriéndole la piel; tenía aire de grandeza y superioridad, mirando desafiantemente, mostrando... - Quieres mostrarme algo que en estos momentos no sientes? – se acercó a él con pasos seguros, levantando su mano en el acto para posarla en la frente del otro, pero fue detenido por la fuerza de la mano del otro
- No sé a que te refieras – sus ojos observaban atento al recién llegado, pero no pudo resistirse a esa mirada, y la desvió; suspiró y respondió – Estoy bien no tienes de que preocuparte - el viajero alzo su ceja suspicaz
- A mi no me lo parece, o es que acaso de donde estabas viniste corriendo, sólo a verme y por eso estas tan agitado – movió ligeramente sus labios – Eso sería aceptar lo que llevas negando durante tanto tiempo o es la fiebre que te esta atacando?
- No es ninguna de las dos cosas – quiso caminar pero sintió al piso moverse; no podía negarlo más, estaba acostado en su cama, sintió el cosmos de él venir y se puso de pie con dificultad para esperarlo, quería verlo y desmayarse – Eres un tonto!! - en sus brazos; así sucedió. El otro con agilidad lo atrapó en ellos, le tocó la frente y comprobó lo que estaba seguro tenia
- Fiebre!! – lo cargó para llevarlo a la habitación – Eres testarudo Kardia!! – sabía que no lo escuchaba – Como te gusta preocuparme de más – lo acostó, sin taparlo y elevó su cosmos, acaricio la piel canela de su fuerte brazo, su mano llego a la del escorpión y la sujetó abrazándola con las suyas; observaba los temblores y no evitaba que su corazón se agitara con fuerza y, tan diminutamente a como sería el golpeteo de Kardia
Pasaron las horas
- Acuario!
- Treinta y dos – dijo con pesadez – tranquilízate – añadió más suavemente. Sus manos frías tocaron su rostro, comprobando que ya no tenía temperatura
- Acuario?
- Treinta y tres – dijo el mencionado cansado
- Treinta y tres, qué? – abrió sus ojos en la oscuridad
- Oh estás despierto? – el caballero prendió una vela y la puso junto a la mesa de noche
- Claro ¿treinta y tres, qué?
- Treinta y tres “Acuario”. Lo has dicho en toda la noche. Quince veces “¿Dónde estás?”. He perdido la cuenta de las veces que has llamado mi nombre, me temo. Y un abrumador total de setenta y ocho veces – guardó silencio y una curvatura tuvo su boca, la cual no pudo ver el enfermo - “Te amo”
- Debes de estar volviéndote loco Acuario
- Treinta y cuatro No. Fue tu delirio no el mío – no paso desapercibido el semblante apenado del escorpión y para ayudarlo comentó- la fiebre supongo te hizo desvariar; pero ya estas mejor, que es lo que importa – se puso de pie – voy a prepararte algo, debes de estar hambriento – Kardia suspiro, como era posible que su delirio lo llevara a decir esas cosas y mas a Degel; era verdad, pero no tenía que ser así su confesión
- ¡¡Degel!! – se incorporo de la cama
- No te has cansado de llamarme? – se giró para encararlo y mostrar su mirada seria en la del convaleciente; se acercó y por fin se sentó en la cama muy cerca del escorpión
- Nunca me cansaría de hacerlo, llego esperándote más de dos semanas; tanto que estaba enfermando – “de amor” pensó para sí; se sentó bien en el lecho, y sujetó la mano de Degel que descansaba en el colchón; la apretó; el rostro blanco y glacial no estaba tan lejos; se acercó uniendo sus frentes - ¿Puedo ahorrarme todas esas cursilerías, si ya estas conciente de la situación? – su semblante fatigado por la agonía; del otro cansado por el viaje y por velar el sueño de Kardia
- No estoy consciente de nada; eran sólo tus desvaríos!! – quería torturar al escorpión - ¿qué tanta verdad, hay en tus delirios? – preguntó ya sabiendo la respuesta; Kardia acortó la distancia que los separaba
- Son tan ciertos, como esto – Y sin más lo beso; un beso demandante, cargado de deseo, de añoranza y amor; la mano morena se alzo para acariciar la mejilla porcelana del Degel, para después sus dedos buscar cobijo en las hebras verdes del caballero, Acuario correspondió; era tonto también él negar lo que su corazón le dictaba, su mano se aferro a la túnica que cubría el pecho de Kardia y pensó, sin expresarlo
- He olvidado cuanto tiempo ha pasado desde que empecé a querer estar a tu lado – se separaron
- Te amo – Degel iba a decir otro número más pero Kardia no lo dejo, posando sus dedos en sus labios
- No tienes que decirme cuantas veces he dicho esto, quiero que pierdas la cuenta de ello también – lo volvió a besar para volver a decir…
- Te amo escorpión – Esta vez fue Acuario el que lo dijo – Esta será mi primera y única vez que lo diga Kardia… Te amo – su semblante era serio pero mostró lo que nunca había visto Kardia, una sonrisa cargada de luz en su faz; y el griego supo que su amor era correspondido con creces
Esto era sólo el comienzo, tenía una larga vida y Degel estaba junto a él para así mostrarle su amor.
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